miércoles, 16 de enero de 2008

DEIXIS EN FANTASMA (Adiós Ángel)

Aquello.
No eso.
Ni
-mucho menos- esto.
Aquello.
Lo que está en el umbral
de mi fortuna.
Nunca llamado, nunca
esperado siquiera;
sólo presencia que no ocupa espacio,
sombra o luz fiel al borde de mí mismo
que ni el viento arrebata, ni la lluvia disuelve,

ni el sol marchita, ni la noche apaga.
Tenue cabo de brisa
que me ataba a la vida dulcemente.
Aquello
que quizá hubiese sido
posible,
que sería posible todavía
hoy o mañana si no fuese
un sueño.

viernes, 11 de enero de 2008

El Amenazado



Es el amor, tendré que ocultarme o huir. Crecen los muros de su cárcel, como un sueño atroz. La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única ¿de qué me servirán mis talismanes; el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó al áspero norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?. Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que me miran por las ventanas, pero la sombra no me ha traidor la paz. Es, ya lo sé, el amor; la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. Es el amor con su mitología, con sus pequeñas magias inútiles. Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. Ya los ejércitos se cercan, las hordas (esta habitación es irreal; ella no la ha visto). El nombre de una mujer me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Jorge Luis Borges

El Otro Yo


Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.
Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

Mario Benedetti

viernes, 19 de octubre de 2007

LOS LUNES DE OCTUBRE

Hoy me perdí en mil recuerdos
que no dejan dormir.
¡Cuánto veneno!
Pa sonreír son malos tiempos
Otoño ya está aquí¡
Cuántos tormentos!
¿Dónde coño te escondes, felicidad?
Los lunes de octubre
donde estarás
¿Dónde coño te escondes, felicidad?
Me condenas a muerte de soledad.
Pa caminar valen los sueños.
Y no me quedan más.
Llévame a hombros.
Es tarde ya para tus besos.
Fui perro para ti,No quiero huesos.
La Fuga

CALLEJÓN


Del oscuro callejón provenía aquel grito de auxilio y no me lo pensé dos veces aunque no me las doy de valiente ni arrojado.
Ella sostenía un forcejeo con un tipo flaco y mal vestido. Grité para asustarle antes de abalanzarme sobre él y debió de ser en ese mismo momento cuando recibí el terrible golpe en la cabeza.
Volví a la vida al parecer bastantes horas después y en el hospital, durante muchos días, no fui capaz de recordar nada de lo sucedido, ni siquiera mi nombre.
La mujer que había intentado auxiliar no se separaba de mí, según me dijeron luego. Desapareció cuando recobré la memoria. Había dejado una nota en la recepción del hospital:
“Le ruego me perdone por haberle golpeado y haber puesto en peligro su vida --decía--. Es terrible para una madre verse atacada por su propio hijo y sentirse deudora, hasta tal extremo, de un instinto de conservación tan atávico. Desde que era un niño nunca pude soportar que nadie le pusiera la mano encima”.

Luis Mateo Díez

¿COMO CRECER?


Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa.La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble. Entonces encontró una planta, una Fresia, floreciendo y más fresca que nunca.El rey preguntó:¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda".

Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mirate a ti mismo.No hay posibilidad de que seas otra persona.Puedes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por ti, o puedes marchitarte en tu propia condena...

Jorge Bucay

domingo, 9 de septiembre de 2007

El niño (2ªparte)


Miré por encima de mi libro al pasar una página y descubrí una imagen, que me hizo bajarlo del todo, que me dejó suspendida un buen rato en el tiempo. El niño que antes se había sentado enfrente de mí, se había levantado, ahora estaba de perfil, frente a los cristales del tren. Levantaba la camiseta y sacaba barriga, ahora gordo…ahora delgado, y contenía toda la respiración hasta que se le marcaban las costillas, pasó a ser el culturista más musculoso de todos los tiempos, apretaba los dientes y los puños, como si el crecimiento de sus bíceps dependiese de ello, no se si era Hulk, y de repente era spiderman, poses, gestos, palabras sueltas, en tonos fuertes era un monstruo feroz , en tonos suaves y agudos era un inocente inofensivo que no quería morir, miraba su reflejo en el cristal del tren y podría decir, que en aquel momento ese niño no era el niño que viajaba en el tren sino cada personaje que veía enfrente. Cuando somos niños podemos ser lo que queramos, siempre tenemos la certeza de que seremos de mayores lo que deseamos ser. Después, perdemos un poco el norte y por desgracia acabamos rompiendo esos espejos. Se echaba todo el pelo hacia la cara y se lo recogía todo bajo sus manos – estoy rapado, o no…soy calvo!- y volvía a ser un gran hombre musculoso.
La madre del niño tiró un poco de su jersey, respondiendo a la llamada de atención, sin dejar su entretenimiento el niño se sentó, desde su sitio no dejó ni un momento las muecas, las imitaciones, las pruebas de cómo quedaría si llevase bigote, y si no tuviese orejas, y si…
Yo no pude dejar de mirarlo, ni parpadeaba, ya había dejado completamente el libro, con el sentido de la vista únicamente activado empecé a preguntarme donde había quedado ese niño. Me entristecí al no tener una respuesta nítida al cuestionarme cuándo había perdido yo el pudor de esa manera por última vez.
Y me pregunté una y otra vez, en qué lugar, en qué momento, en qué horrible y desafortunado momento, en qué trágico paso que damos en la vida perdemos todo eso.
Aún no he dejado de preguntármelo, cuándo dejamos de soñar con ser héroes para querer aparentar ser millonarios, cuándo empezamos a colocarnos esa coraza impenetrable de la que habla Susana en su libro, cuándo dejamos de desfilar frente a los espejos, de hacer muecas frente a los escaparates, de ser cuanto queramos por un momento, cuándo dejamos de ver nuestro reflejo. ¿Cuándo perdemos tan valiosa genialidad carente de vergüenza? Supongo que en el mismo momento, en el mismo paso en el que Eva y Adán descubrieron avergonzados que estaban desnudos.
Cuando crezcas Ángel, llevate siempre a ese niño contigo, no pases a ser un autómata más, se quien tú quieras ser.