viernes, 19 de octubre de 2007

LOS LUNES DE OCTUBRE

Hoy me perdí en mil recuerdos
que no dejan dormir.
¡Cuánto veneno!
Pa sonreír son malos tiempos
Otoño ya está aquí¡
Cuántos tormentos!
¿Dónde coño te escondes, felicidad?
Los lunes de octubre
donde estarás
¿Dónde coño te escondes, felicidad?
Me condenas a muerte de soledad.
Pa caminar valen los sueños.
Y no me quedan más.
Llévame a hombros.
Es tarde ya para tus besos.
Fui perro para ti,No quiero huesos.
La Fuga

CALLEJÓN


Del oscuro callejón provenía aquel grito de auxilio y no me lo pensé dos veces aunque no me las doy de valiente ni arrojado.
Ella sostenía un forcejeo con un tipo flaco y mal vestido. Grité para asustarle antes de abalanzarme sobre él y debió de ser en ese mismo momento cuando recibí el terrible golpe en la cabeza.
Volví a la vida al parecer bastantes horas después y en el hospital, durante muchos días, no fui capaz de recordar nada de lo sucedido, ni siquiera mi nombre.
La mujer que había intentado auxiliar no se separaba de mí, según me dijeron luego. Desapareció cuando recobré la memoria. Había dejado una nota en la recepción del hospital:
“Le ruego me perdone por haberle golpeado y haber puesto en peligro su vida --decía--. Es terrible para una madre verse atacada por su propio hijo y sentirse deudora, hasta tal extremo, de un instinto de conservación tan atávico. Desde que era un niño nunca pude soportar que nadie le pusiera la mano encima”.

Luis Mateo Díez

¿COMO CRECER?


Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa.La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble. Entonces encontró una planta, una Fresia, floreciendo y más fresca que nunca.El rey preguntó:¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda".

Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mirate a ti mismo.No hay posibilidad de que seas otra persona.Puedes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por ti, o puedes marchitarte en tu propia condena...

Jorge Bucay

domingo, 9 de septiembre de 2007

El niño (2ªparte)


Miré por encima de mi libro al pasar una página y descubrí una imagen, que me hizo bajarlo del todo, que me dejó suspendida un buen rato en el tiempo. El niño que antes se había sentado enfrente de mí, se había levantado, ahora estaba de perfil, frente a los cristales del tren. Levantaba la camiseta y sacaba barriga, ahora gordo…ahora delgado, y contenía toda la respiración hasta que se le marcaban las costillas, pasó a ser el culturista más musculoso de todos los tiempos, apretaba los dientes y los puños, como si el crecimiento de sus bíceps dependiese de ello, no se si era Hulk, y de repente era spiderman, poses, gestos, palabras sueltas, en tonos fuertes era un monstruo feroz , en tonos suaves y agudos era un inocente inofensivo que no quería morir, miraba su reflejo en el cristal del tren y podría decir, que en aquel momento ese niño no era el niño que viajaba en el tren sino cada personaje que veía enfrente. Cuando somos niños podemos ser lo que queramos, siempre tenemos la certeza de que seremos de mayores lo que deseamos ser. Después, perdemos un poco el norte y por desgracia acabamos rompiendo esos espejos. Se echaba todo el pelo hacia la cara y se lo recogía todo bajo sus manos – estoy rapado, o no…soy calvo!- y volvía a ser un gran hombre musculoso.
La madre del niño tiró un poco de su jersey, respondiendo a la llamada de atención, sin dejar su entretenimiento el niño se sentó, desde su sitio no dejó ni un momento las muecas, las imitaciones, las pruebas de cómo quedaría si llevase bigote, y si no tuviese orejas, y si…
Yo no pude dejar de mirarlo, ni parpadeaba, ya había dejado completamente el libro, con el sentido de la vista únicamente activado empecé a preguntarme donde había quedado ese niño. Me entristecí al no tener una respuesta nítida al cuestionarme cuándo había perdido yo el pudor de esa manera por última vez.
Y me pregunté una y otra vez, en qué lugar, en qué momento, en qué horrible y desafortunado momento, en qué trágico paso que damos en la vida perdemos todo eso.
Aún no he dejado de preguntármelo, cuándo dejamos de soñar con ser héroes para querer aparentar ser millonarios, cuándo empezamos a colocarnos esa coraza impenetrable de la que habla Susana en su libro, cuándo dejamos de desfilar frente a los espejos, de hacer muecas frente a los escaparates, de ser cuanto queramos por un momento, cuándo dejamos de ver nuestro reflejo. ¿Cuándo perdemos tan valiosa genialidad carente de vergüenza? Supongo que en el mismo momento, en el mismo paso en el que Eva y Adán descubrieron avergonzados que estaban desnudos.
Cuando crezcas Ángel, llevate siempre a ese niño contigo, no pases a ser un autómata más, se quien tú quieras ser.

viernes, 7 de septiembre de 2007

El niño (1ªparte)


Por una vez llegaba con tiempo de sobra a pillar el tren, puede parecer una tontería, pero al ver el reloj de la estación me sentí tan orgullosa que dije hoy dosis extra, me pasé por el kiosco y después entré. Tomé asiento y sin perder un minuto me puse a leer. De fondo, como de otro mundo, escuchaba la gente que iba entrando sin atender demasiado a sus conversaciones, un grupo de chicas, dos señores que hablaban de pesca, uno al móvil, alguna gente más y tres señoras que acompañaban a un niño, ellas discutían sobre no se qué, se dirigieron a sentarse a mi alrededor, así que aparté la vista un poco del libro y les sonreí levemente, nunca se si saludar en esos casos o seguir a lo mío. El niño de unos 5 o 6 años no dejaba de mirar mi bolsita llena de chucherías, se sentó enfrente de mí, así que le acerqué la bolsita y le dije venga píllate lo que quieras, y como no podía ser de otra forma escogió de esas cápsulas rojas de caramelo, al instante recordé la reacción de mi niña cuando las había probado al descubrir su interior de regaliz negra, lo miré y era tarde, así que también le ofrecí un pañuelo de papel, que llegó justo en el momento en que empezaba a poner esa cara de desagrado y esa mirada fija que, sin saberlo ni quererlo dice “¿dios, que mierda me has dado?”Por supuesto al instante la escupió en el pañuelo encogiéndolo con su manita y sin dejar de mirarme, pero esta vez diciéndome con sus ojitos “siento tirarlo, pero sabía muy mal…”- Ángel! si no te gusta para qué lo coges? – le dijo, supongo que su madre, a mi me hizo mucha gracia la situación, sonriendo asumí las culpas –lo siento, debí darme cuenta antes, que no suele gustar mucho a los niños, estas de regaliz negra, pican un poco además- le ofrecí de otras que seguro que le gustarían, pero estaba demasiado reciente su decepción de la apetecible cápsula roja, así que esta vez se negó a coger. Seguí leyendo y sonriendo, recordando esa carita de desagrado que yo también había puesto en su día, cuántas veces aun sabiendo que hay un montón de cosas que nos gustan vamos directos a la que desconocemos pero que apetece como ninguna?, de todas formas seguro que a ese niño le encantará más adelante la regaliz negra, como a mí y como a mi niña. Seguro que volverá a apetecerle, recordará este momento y volverá a probarla a espaldas de su madre para evitar el..."Ángel, no cojas esa que sabes que no te gusta!. Lo mismo en el fondo no nos gusta, pero nos negamos a que algo que tiene tan buena pinta pueda tener mal sabor, quien sabe…

Nosotros o salvar el amor


Pero ante todo, debemos salvar primero al amor. Salvarlo de nosotros mismos, de nuestra vacuidad, de nuestra indiferencia. Salvarlo de la lenta agonía de la rutina. Hacerle un espacio a la injusticia, aceptar mansamente nuestros recelos y olvidos. Salir a buscarte y esperarte cansado. Si te repito tantas veces que te quiero, no es para que se acabe la magia, ni para ganarme con cada instante un nuevo recoveco en tu cuerpo. Es para ante todo, salvar primero al amor. Cuando descubras mi marca en tu cuerpo, y recuerdes también mi lengua en tus orificios, yo estaré lejos, pero deseándote conmigo. No me extrañes porque te hablo bonito, porque dices que soy distinto. Extrañame renegón y callado. No por mi risa, ni por mis manos, si no todo lo contrario, necesitame contigo por todo lo malo. Porque a lo bueno cualquiera se acostumbra, cualquiera, pero no a lo malo. Entonces sabré realmente que me quieres, y que me necesitas, a mí, completo, sin adornos forzados, ni metáforas distintas que oculten una mentira. Después de todo, tal vez después de todo, no seas un sentimiento guardado, y puedas besarme y ser libre, y puedas amarme y volar, y viajar, y vivir, y vibrar, y virar, y volver y ser libre. Quererme ya sin desengaños, ni sentimientos encontrados. Que yo te quiero toda, mala y mía. Amarnos desde el otro lado de la avenida. Aún estando solos o muriéndonos de frío. Pero ante todo, y muy por encima de todo, debemos salvar, primero al amor.

El Rafa

El Sol


En algún lugar de Pennsylvania, Anne Mirak trabaja como ayudante del sol. Ella está en el oficio desde que tiene memoria. Al fin de cada noche, Anne alza sus brazos y empuja al sol, para que irrumpa en el cielo; y al fin de cada día, bajando los brazos, acuesta al sol en el horizonte.
Era muy chiquita cuando empezó esta tarea y jamás ha faltado a su trabajo, porque ella sabe que el sol la necesita.
Hace medio siglo, la declararon loca. Desde entonces, Anne ha pasado por varios manicomios, ha sido tratado por diversos psiquiatras y ha engullido muchísimos psicofármacos. Nunca consiguieron curarla. Menos mal.


Eduardo Galeano